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jueves, 19 de mayo de 2016

El poder de los dioses

¿Quién detenta más poder? ¿El presidente de España? No me hagas reir ¿Merkel? No lo creo ¿Obama? Nos vamos acercando ¿Amancio Ortega? Templado ¿Rupert Murdock, la familia Botín? Caliente ¿Los Rothschild y los Rockefeller? Por ahí anda la cosa.
Pobres esclavos somos que sin levantar la cabeza ni siquiera sabemos por donde nos vienen los latigazos, ilusos al pensar que es el capataz que nos arrea, es el amo y señor de nuestras vidas. Toda una vida arrastrando enormes bloques de piedra, quizás una vida entera tallando un inmenso sillar para una obra inconcebible.
Más allá a lo lejos, casi invisible, está el faraón (o faraona). Llámalo Obama, llámala Merckel. Impertérritos desde la altura, poderosos mortales... se creen dioses, organizan a las masas, mandan erigir enormes moles para pasar a la Historia, grandes monumentos faraónicos que sacian su ego y nos mantienen centrados en el objetivo supremo. Controlan al ganado, haciendo el trabajo sucio de los dioses. Sus sirvientes más directos les organizan bacanales llenas de placeres y entretenimientos de la más diversa índole, con bufones como Rajoy o Gadafi, traídos de exóticas tierras lejanas ¡Qué le corten la cabeza! Gadafi dejó de hacerles gracia.
Pero mucho más allá alejado de los palacios y los templos terrenales, están esos dioses rodeados de nubes. No tienen cara, no tienen nombre, nadie sabe como suenan sus voces. Algunos ni siquiera creen que existan. Pero ahí están, sentados alrededor de un altar, jugando todo el día, tirando los dados: hoy toca guerra en Siria. Ahora me toca a mí: mañana bancarrota en Grecia, podría haber salido Ébola en Zimbawe. Les divierte, tanto poder es aburrido. Su macabro juego les hace sentirse poderosos como el sádico niño que quema hormigas con la lupa. Han llegado a su estatus divino por un sistema que oprime al justo y alza al perverso, al inteligentemente malvado, al más egocéntrico, al más acaparador, al más esclavista. Nadie se hace inmensamente rico repartiendo riquezas. Las mayores fortunas siempre se hicieron con oportunismo, codica y maldad. Alguna vez fueron humanos, pero ya casi han olvidado su condición mortal aunque morirán algún día allá donde estén. Así que ahora toca atentado terrorista, o dictadura militar en América Latina, o un avión desaparecido en el sudeste asiático, o el nuevo iphone virtual reality.
¿Qué es el poder? Poder es cumplir tu voluntad, por muy abyecta y retorcidad que sea.

viernes, 12 de abril de 2013

La lógica capitalista







Amancio Ortega tiene un patrimonio de 57.000 millones de €, es decir, tiene el 5.3% del PIB español (1.078.454 millones de €)

El español medio tiene un patrimonio de 23.262€ , esto quiere decir que Amancio Ortega tiene 2.450.000 veces más capital que el español medio.

Para que se entienda la lógica capitalista, el legal, admirable e incluso deseable que una persona posea 2.450.000 casas, 2.450.000 coches, vaya 2.450.000 veces de vacaciones al año y se pague 2.450.000 caprichos de vez en cuando.

En un mundo cada vez más polarizado, los ricos serán cada vez más ricos y menos numerosos, al igual que habrá más pobres y con menor poder adquisitivo. Según la tendencia de la última década, las clases medias se extinguirán.

El planeta tiene recursos limitados pero no compartidos. Todo tiene relación: así la riqueza de unos es la pobreza de muchos y para que un país/persona pueda derrochar deben existir necesariamente otros paises/millones-de-personas que sostengan el derroche ajeno mediante la esclavitud o explotación injusta de los recursos que legítimamente le correspondan.

Y para entender tal locura, los criminales son los indígenas que se resisten al progreso, son los gobiernos socialistas que nacionalizan su petroleo en menoscabo de las grandes multinacionales petroleras, los países que desarrollan su propia tecnología nuclear sin el consentimiento de las potencias nucleares o los que atenten contra la sagrada LIBERTAD del sistema en contra de la indeseable IGUALDAD.

Pues maldito sea el capitalismo, que nos otorga libertad para esclavizar a otros, para enajenarnos de las injusticias ajenas, para condenar a los demás a la guerra, el hambre o el olvido.